martes, 23 de junio de 2015

granadas rojas

ESTO ES SOLO UNA FRASE ESCRITA EN ROJO 

NÚMEROS ROJOS. LOS ROJOS. BANDERA ROJA. MAREA ROJA. ROSA ROJA. EL LIBRO ROJO DE MAO. ROJO, ÁMBAR, VERDE. NEGRO Y ROJO. JUDÍA ROJA. MANZANA ROJA. FRESA, CEREZA Y FRAMBUESA (EL ROJO ESTÁ IMPLÍCITO). ROJO IMPLÍCITO. SANGRE ROJA. MESNTRUACIÓN ROJA. ROJO CARMÍN. ROJO CARMESÍ. ROJO SANGRE. GRANADA (ROJA). GRANADA QUE AR(ROJA)S. GRANADA QUE TREPA Y EXPLOTA, QUE ABRAZA, QUE ATRAPA, QUE APRESA. EL MAR ROJO. EL VESTIDO ROJO. ES EL ÚNICO COLOR, EL ROJO, EL ÚNICO COLOR DE LA GUERRA Y EL TIEMPO. EL COLOR DEL SILENCIO ESCONDIDO EN UN CINE ANTIGUO. JUDÍA ROJA EN EL SÓTANO ROJO. Y AMANECER DE GRANADAS ROJAS. Y LA ROJA SANGRE Y EL ROJO SANGRE. LA MUERTE, ROJA. ¿Y QUÉ ES EL ROJO SINO UNA ILUSIÓN? ILUSIÓN ROJA. TU ROJO NO ES EL MISMO QUE MI ROJO. PERO ROJOS, LOS DOS. EL ROJO QUE ARROJAS AL NEGRO DE LA PÁGINA. ROJO, PERO SIN SENTIDO, ROJO SINSENTIDO. ROJO HORIZONTE, ROJO CREPÚSCULO, CORPÚSCULO, ROJA ONDA, DEL MAR ROJO.

TODO. ES. ROJO.

Atardecer rojo carmín.
Dame tu beso (rojo).
Y libera la fumata roja
de tu boca.
Y bailemos junto al fuego (rojo)
y gritemos con la voz de las granadas rojas.

Aún podemos seguir esquivando
a la muerte,
aún, aún.

Aún caen los rayos rojos
sobre este reloj de sombras rojas,
que se propagan por la tarde,
por el tiempo de arena roja.

Cae el tiempo entre tus manos rojas,
y la muerte roja, nos mira,
desde algún punto del cielo.
Pero nosotros, seguimos bailando.

Seguimos bailando 
y seguimos gritando
y seguimos explotando
como los granos rojos
de los campos rojos
de granados rojos.

Y nuestras bocas 
están rojas, de sangre desgranada.
y nos desangramos
con los pies abrasados,
pero seguimos bailando.
abrazados a los granados.

Seguimos bailando 
al son de una melodía roja
hasta que caiga la noche,
hasta que caiga la muerte sobre nosotros.

Suenan los tambores rojos
de piel humana.
nuestra piel,
la piel granada
y el sol cae, libre.

Nos quieren muertos.
Quieren que bailemos para ellos.
Antes de fusilarnos, cuando amanezca.

Pero nosotros, bailamos granadas.
bailamos sobre el ruido de sus bombas.
y aunque nos maten
seguiremos bailando 
y escupiendo
sobre sus tumbas.

Somos los tambores rojos
y los campos rojos
y las granadas rojas
y la libertad roja
y el amanecer rojo
y la fumata roja
y la cuneta roja
y la fosa roja

Somos el baile rojo,
la melodía roja,
cantada por nuestras bocas rojas.

Mañana: rojo.
y el siempre rojo
siempre siempre
granadas rojas.

viernes, 19 de junio de 2015

MIND THE GAP

Mind the gap!
Just
mind the gap!
And I ask:
which gap?
I mean,
there's a lot of gaps,
THIS IS A GAP,
WE'RE ALL GAPS.
Language is just a gruyère.
LANGUAGE GAP.

Just jump,
just take your step,
mind the gap,
but don't look at the railway,
don't even ask why is there a gap.
Just talk, talk, talk,
blahblahblah, dadada,

Why are you talking in english?
YOU STUPID SPANISH BOY.

YOU JUST TALK ABOUT BARCELONA. REAL MADRID. TOROS.

DON'T TALK ABOUT GAPS.

Habla en español, HABLA EN ESPAÑOL.

I don't want to talk in spanish,
because i'm talking about gaps.

You know, 'hueco', it sounds like the singer,
it doesn't sound serious.

I'm talking, just talking about Wittgenstein
and the limits of our language.
and the limits of our universe.

And I think, words are blind.
Dialogues are blind.
Monologues are blind.
Speakers are blind.
Blind the gap.

We talk about language
and we just see this bedrock.
"Roca madre", we say in spanish.
You can't destroy it.
You can't kill your mother.
Language is just like it is.

YOU/THEY DON'T EXIST.
There's not even a word for that.
LANGUAGE, BEDROCK,
MOTHER, NATURAL.

We're all gaps.
We're not in this stupid dictionary.
Chairs don't decide whether we exist or not .
We're not natural, but neither are you.

fuck wittgenstein,
and fuck the underground.

DISPARA AL CROMA.
Dispara al diccionario
y dispara a la biblia.
don't SHUT THE FUCK UP!
OPEN YOUR MOUTH
(here's another gap)
AND JUST TALK THE GAP
be the gap they don't want you to be
be the gruyère you want to be
be a kid and speak your own language

and just throw away their grammar books
and their dictionaries.

Mi lengua se mueve. Está viva.
Just translate this.

just, MIND THE GAP!
MIND US!




miércoles, 10 de junio de 2015

Por un plato de lentejas.

Nos miran,
tras sus gafas de sabio
(o de culo de vaso)
tras su estúpido velo
(que no corrieron)
y nos dicen
que no sabemos nada de la vida.

Cuando seas padre
comerás huevos,
cuando seas adulto,
entenderás que todo ese inconformismo
no sirve para nada,
así no vas a conseguir un trabajo,
así no vas a mantener a tu familia
el día de mañana.

Y esa ropa no combina,
me dice mi madre.
Y depílate esas piernas,
me dice mi madre.
Cómo vas a salir así a la calle.
Cómo.
Por la puerta, mamá.

Y mi profesora
me llama 'alma libre',
con tono sarcástico,
y  me dice que me acostumbre
a hacer las cosas como me piden.
Y se sube a la tarima,
porque todos se suben a la tarima,
y nos miran por encima del hombro.

Y se autodenominan expertos,
sí, expertos,
y exageran la equis,
para que te quede claro
que son expertos.
Y claro, como son expertos,
saben más que tú de todo,
ignorante, ingenuo, joven.
Y lo dicen con asco: joven.
Como un insulto.

Y en la tele,
en los escaños,
los putos escaños, nos llaman radicales,
grupos violentos itinerantes.

Y dicen que el mundo es como las lentejas,
o lo tomas o lo dejas.
Pero que si no lo tomamos
ya nos lo pondrán para la cena
o el desayuno.

O que si no nos gusta
cómo huele su mierda,
nos presentemos a las elecciones,
decía la condesa,
pero que no ensuciáramos la plaza
que vendían por fascículos a los turistas.
Los perroflautas estos,
ocupando la vía pública.
Y construyamos un manifestódromo,
para que protesten los jóvenes
a sus anchas.

Y todos nos llaman la generación perdida,
mientras nosotros hacemos las maletas.
Y nos tratan, como simples máquinas,
y hablan de los cerebros que se fugan,
y se entristecen.
Pero solo piensan en dinero.
Qué triste, vendiendo producción
a los putos alemanes.
Y nos roban el voto.

Y la voz.
Los cerebros que se queden,
calladitos y a trabajar en el McDonnalds.

Y mira los ninis, los lúmpenes,
los canis y las chonis
que son el cáncer de esta sociedad.

Y cómo están las hormonas.
Mírales, no hacen otra cosa que follar.

Y luego twittean que qué tristes
24/7 tras la pantalla, los hipsters.
Y qué pintas, qué pintas.

Y que los jóvenes son unos incultos,
y que ya no leen,
cuando llevan décadas sin abrir un libro.

Ahora,
ahora os digo yo:
Los jóvenes nunca seremos la generación perdida.

Y que no todos queremos comer huevos,
ni todos queremos formar una Familia,
con F mayúscula,
de las de madre, padre, dos hijos y el perro.
Y que no todos creemos en las urnas,
que creemos en esas plazas okupadas,
que son nuestras.

Y que algunos somos radicales, sí,
Radicales libres.

Y que okuparemos vuestra Familia,
vuestra Vía Pública, vuestro Sexo y vuestra Poesía,
vuestro Trabajo.
Y vuestra Experiencia.
Y atacaremos vuestro Árbol, por las raíces.

Valemos más que vuestro plato de lentejas.

domingo, 7 de junio de 2015

Flor del desierto (y al fondo los camellos)


Desierto.
Desierto, que atormenta,
que enarena,
el silencio.

Tormenta.
Eléctrica, ecléctica.
El aire está cargado
y eriza el lomo
de los camellos emigrantes
(¿de dónde migran?)

Los camellos son inmigrantes
de estas tierras.
No conocen
la tormenta de esta noche,
y se asustan
por el ululo del tren.

El tren, nocturno.
Tren de mercancías.
Atraviesa el desierto.
Transporta los ecos de la gran ciudad.
La señal de la radio
interfiere con el sueño
de los camellos inmigrantes.

¿Quién construyó las vías?

Los camellos no habitan el desierto.
Son nómadas,
como el tren, como la tormenta.
Como las ondas de radio,
viajeras.

Vivir en la gran ciudad,
vivir en el neón maldito,
Vivir en la gran ciudad
es vivir en el desierto.

Flor del desierto,
flor de alcantarilla,
caimán del silencio
chapotea en la mierda,
crece,
sedimenta,
enraiza,
el pavimento.

Extremófilos,
sedentarios del dolor.
Somos flores del desierto.
Belleza de desguace.
La melodía que tapa el ruido.

O quizás, seamos el ruido.

¿Quién plantó la flor?
¿Quién plantó el desierto?

O quizás, seamos camellos.
(Seamos camellos)

martes, 2 de junio de 2015

Reautodestrucción (Diario de un pseudoartista)

Son las doce de la noche. Las doce. De la noche. Sí, son las doce de la noche y ella está calzándose las botas negras hasta la rodilla, sobre unos leggins…

Yo aquí, ingenuo, un 29 de mayo de 2015, pensando que puedo escribir sobre la movida, sobre un tiempo que no he vivido, pensando que todo tiempo pasado fue mejor y muerte al capitalismo y fuck the patriarchy. Fuck los días que pasan confusamente y que me llenan de putas dudas, las putas dudas que me dan la vida y me la quitan, un catéter y una sonda, goteando, goteando y mi cuerpo penado de muerte. Joder. ¿Qué coño soy?

Me creo artista y escribo sobre artistas, una y otra vez, perdidos en la gran ciudad, haciendo sus vidas por el día, deshaciéndolas por las noches. Artistas frente al espejo, artistas rompiendo el espejo. Cada fragmento representa una visión, una imagen, una perspectiva. Un espejo roto nos refleja mejor, eso decía, y viva Picasso. Y viva Picasso y su puto espejo roto y sus rostros en varias perspectivas. Viva Picasso porque ha sabido retratarnos, por fin. Me miro en el puto espejo diciendo que la identidad es una hiperesfera a la que solo podemos representar en infinitas proyecciones.

Me miro, me miro en el espejo pensando que la imagen es una cárcel de la esencia. Me miro pensando que soy un filósofo. Me miro leyendo a Deleuze y Guattari hace unos minutos y me río de mí mismo. Y quiebro el espejo, porque claro, soy un artista. Y eso es lo que hacen los artistas. Destruirse para luego reconstruirse con otros materiales.

Pero en el fondo son los mismos. Los mismos materiales, las mismas estructuras, los mismos espejos. Tú, reflejado en espejos enfrentados. Proyectado infinitamente. Cada vez más verde y lejano, cada vez más pequeño, cada vez más imperceptible.

Te sientes abrumado. Te sientes abrumado por tu propio ego, por tu ego dañado por esa pequeñez del fondo del espejo. Qué pequeño eres en el fondo del espejo, joder. Y te sientes atrapado por el gigante, por la imagen nítida, por tu yo oficial, tu yo 24/7/toda la vida. Te sientes atrapado por tu propia imagen, tu propio cuerpo, tu propia tangibilidad, tu materia, tus putos quarks bailantes. El peso y la gravedad. Siempre es eso.

Me pongo freudiano y digo que tenemos un trauma. Tenemos un trauma de nacer. Tenemos un trauma de salir de la vagina y simplemente existir. ¡Qué a gusto se estaba en el líquido amniótico! Tenemos un trauma y buscamos esa puta vagina de nuevo. Viva la vagina.

Tonterías de pseudoartista, ya ves. Pseudofilósofo, pseudocientífico, pseudopersona. Soy un pseudohumano megalómano onanista. Soy un homúnculo embriónico. Soy un gilipollas en busca de palabras opulentas y pretenciosas.

Y rompo el espejo. Rompo el espejo con la frente. Una y otra vez.

El espejo se diluye, pero yo estoy otra vez en esa cola, o quizás sentado en el horizonte, o en una red. Estoy caminando por la gran ciudad y me siento pseudomédico y me autodiagnostico síndrome de Stendhal. Viva la belleza. A veces hay tanta belleza en el mundo que creo que no lo aguanto y que mi corazón se derrumba. Ja. Y una bolsa bailando con el aire, cargado de electricidad, qué bonita ella.

Qué bonito el mundo, qué bonito yo, qué bonito el conocimiento. Muero de intoxicación de belleza y otras causas desconocidas. Muero y rompo el espejo y mato al artista y mato la conciencia en mí. Y ahora camino por la calle, lobotomizado, y no pienso nada y aplaudo, aplaudo a todo. Aplaudo a los escaparates y a las pantallas y a las luces y al líder, el líder. Viva el líder. Y dichoso el árbol que es apenas sensitivo. Viva el árbol.

La autodestrucción, ¿es eso lo que queda? Autoperfeccionamiento es masturbación, pero la autodestrucción… Dichosa autodestrucción. Quebrar el espejo y dejarme en fragmentos, dejarme diluir y no seguir en la cola, ni en ningún sitio. Prohibido reconstruir. Bombardear la ciudad. Y que suene una canción de fondo, esa de los Pixies, porque los requiem son demasiado fúnebres.

Mueran, uno por uno: Picasso, la vagina, la belleza, el líder, el árbol. Muera cada una de las palabras de este texto. No lloréis por mí, yo ya estoy muerto.

viernes, 29 de mayo de 2015

Hormigas

Respuesta a Belleza

Hormigas.

La ciudad ha cambiado desde la última vez que la visité. Se ha transformado, paulatinamente, mientras no miraba. Se ha transformado el paisaje, las calles, pero sobre todo, sus habitantes: las hormigas.

Aquellas hormigas, sin nombre, que atraviesan el laberinto urbano, que nadan en las alcantarillas y en las boinas de humo. Se reproducen, se multiplican, crean, destruyen, entrelazan. No tengo ni idea de cuándo nacieron. Quizás no lo hicieron. El concepto hormiga es eterno, más, aún, trasciende la eternidad. La hormiguez estaba ahí antes de que estuvieran las hormigas.

¿Qué es la hormiguez? La hormiguez es la cualidad de ser hormiga dentro de una red de hormigas. La hormiguez, es la red misma, esa red que se extiende sobre las azoteas o los horizontes. La hormiguez es la vista aérea de la ciudad.


Ella es una hormiga. Ella se levanta cada día y se mira al espejo para cerciorarse de que su hormiguez sigue ahí. A veces se le olvida, o trata de olvidarlo. A veces, no se siente hormiga. A veces, simplemente, se siente desidia.

Ella se maquilla e intenta ocultar que hace meses que es otra cosa. Que su piel está mutando en piel de sapo, o de gallina o yo qué sé.

Ella es una outsider. Vive en una frontera, pero nunca supo de qué. ¿Qué hay al otro lado? La ciudad, bombea a cada instante y en cada pulso se expande impredecible.

Ella, sentada en un horizonte con un espejito en la mano, esperando a cada latido, observando cómo su rostro se transforma.

Ella va al supermercado y compra comida de hormiga, la que tenga menos calorías. Le dice ‘hola’ a la cajera y se maquilla.

Ella fue artista. Lo fue. Ella expuso en las más famosas galerías. Sí, esa que está al lado del río. La del nombre impronunciable. Esa. Ahí estaban sus cuadros.

Allí. En una esquina, en un cuadrante, un píxel de la red, poro de piel de hormiga (¿acaso las hormigas tienen poros?). Allí estaban. Algunas hormigas los observaron. Después, siguieron con sus vidas.

Ella lo mira y se maquilla. Es suyo. Y sin embargo, qué indiferencia le produce. Quizás sea este proceso de deshormiguización. Qué colores tan tristes. Qué rostros tan vacíos. Qué ruido de fondo de excavadoras en ese cuadro. Y cómo pesa el bolso.

Ella saca el espejo. La piel cetrina, la piel cetrina. Se acerca al lienzo, aquel autorretrato, y lo maquilla. Pero ahí sigue. Ella esperando en la cola del supermercado. Ella diciéndole “hola” a la dependienta. Ella y su cara de indiferencia. Cómo le pesa la cara.

Ella, rajando el lienzo con sus garras y arrojando los restos al váter. Mira a la superficie elíptica de agua, cuando por fin se calma. Después, se tumba en ella. Hace el muerto y se queda mirando el techo de neón.

Esta es la posición inversa a la hormiguez. Es como una posición fetal, que permite observar la red desde su exterior. Tumbarse en el agua del váter y dejar pasar las horas, las hormigas.

Un espejito se diluye, pero ella está otra vez en esa cola, o quizás sentada en el horizonte, o en una red.

Y ella, en la azotea. Las hormigas hormiguean por su pierna. Las hormigas hormiguean por mi mente. Hace sol. Hace neón en el baño de la galería de nombre impronunciable. Hace horizonte en la frontera de la hormiguez.

Ella se mira al espejo y dice ‘hola’ a la cajera. La cajera le contesta y el flujo de hormigas continúa.

domingo, 17 de mayo de 2015

Grito invisible

Siempre me gustó lo invisible.
Las cosas, que, aunque no tenían nombre,
estaban ahí.
Cometí algunos errores,
nombrando algunas de ellas,
pero siempre estuve ahí,
en la frontera,
orbitando.
Y simplemente, caí
me rendí a la atracción extraña.
A la nada. Invisible.

¡Qué aburridas eran las cosas nombradas!
Qué aburrido era aquel mundo mecanicista,
algorítmico, computable, cognoscible.
El lenguaje, nos pesaba el lenguaje.
Nos pesaba tener que ser palabras.
Nos pesaba tener que ser categorías.
Queríamos liberarnos, por fin, del peso.
Y ellos, no nos querían.
No, la burocracia no nos quería,
los diccionarios no nos querían,
la ciencia no nos quería,
la alta política no nos quería,
la alta costura no nos quería,
la religión no nos quería,
la autoridad no nos quería,
el amor no nos quería.
No nos querían.
Así que, como nosotros,
aún nos queríamos (un poco),
a la fuerza o a voluntad propia,
nos volvimos invisibles.

Quizás seamos invisibles, sí.
Y quizás, desde las sombras,
podamos subvertir las cosas,
podamos romper los esquemas
y las palabras.
Que se mueran las palabras.

Quizás, desde esta esquina,
desde este fin del mundo
al que nos abocaron
podamos ser el principio: la luz.
La luz ultraviolenta
que atraviese, que desintegre la materia,
todo lo que tenía nombre,
todo lo aceptado
por los primeros hombres.
Todo.
Y (después) nada.

Invisibles, sí.
Poderosos, también.