We were born in the city. How are we supposed to write about nature, trees, earth, sun or sea? How are we supposed to write about beauty? This is not fucking Walden. We can't be alone or isolated any moment. This is a electric shit! We're just entangled, chained, connected, sewed, we're just pieces of something bigger, wheels rolling and rolling to nowhere, statics. They teach us to be functional, productive, effective, workers, pawns sacrificing their lives for a cause (the king of the city). But you're interchangeable, if you don't work they throw you up. We're fated to be trash, oblivion, nothing.
Welcome to the paradise machine! Smile! You have all that you can eat! You can't complain about anything! You have fancy houses and fancy clothes, easy, sparkling, promising, fucking perfect lifes. Or you have nothing at all, but then you're just trash since the very first second of your life. This paradise is exclusive, like every paradise. Only the most handsome, the richest, the most perfect, the most brilliant, the most most. They do fancy parties in their fancy houses and they show their offspring like they were diamonds, just something to wear or to sell to the system. Money, we want money! We're money! Our organism clanks like a clock ticking.
But all of us want to be something else, we don't want to be sparkling diamonds, they are our enemies. We want to be ugly and filthy. We want to be outsiders. We want to be imperfect, asimetric, we want to wear old-fashioned clothes, or just be nude, all day. Just spread our bodies, our dirty, stinky and sweaty bare skin on their cute floors, we want to have kinky, nasty sex on their expensive coaches, we want to mix their wine with our blood, sweat and tears, we want to cum on their simetric, perfect squared white teeth. We have to shout and jump and run and break everything and say many fucking swearing words and smoke and getting high and write or paint or read or performance or do something artistic, art is life. We want to kill the king. Or we just wake up someday and we don't want to have sex with anyone, we just suck, we're very fat, we're too old for this shit, life doesn't make sense, we don't make sense, everything bores or annoys us, we don't understand anything.
We are afraid to get up or open that door, we are afraid of hearing our own voice, we are afraid of the light between curtains, we are afraid of have to do something, we are afraid of their orders, of their shouts, we're afraid of the deafening clank, we're afraid of keep rolling to nowhere. We're no one, nowhere, nohow, nowhat. Now what? Now who we are? We're afraid of losing ourselves but we don't know who we are. We thought that we were something, something apart from everything. We thought that we were valuable, that we were subverting things. Now we're just some empty ball of hair and skin under the sheets, biodegradable trash.
We promised ourselves outparadise and here we are. Outparadise is exclusive, like every other paradise. Outparadise is a lie, like every other paradise. Outparadise is just a way to forget we were born in the city. Outparadise is a painkiller. We fed up with painkillers, but they were just floating on our blood and stomach, and now, they're sinking, they are vanishing, they're just lost in a lay of piss. Doctors lied, pills lied, you can't kill pain. Pain is here, beating inside me, beating me. We were born in Pain City.
We didn't know how to survive, pill box was empty.
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sábado, 5 de diciembre de 2015
viernes, 29 de mayo de 2015
Hormigas
Respuesta a Belleza
Hormigas.
La ciudad ha cambiado desde la última vez que la visité. Se ha transformado, paulatinamente, mientras no miraba. Se ha transformado el paisaje, las calles, pero sobre todo, sus habitantes: las hormigas.
Aquellas hormigas, sin nombre, que atraviesan el laberinto urbano, que nadan en las alcantarillas y en las boinas de humo. Se reproducen, se multiplican, crean, destruyen, entrelazan. No tengo ni idea de cuándo nacieron. Quizás no lo hicieron. El concepto hormiga es eterno, más, aún, trasciende la eternidad. La hormiguez estaba ahí antes de que estuvieran las hormigas.
¿Qué es la hormiguez? La hormiguez es la cualidad de ser hormiga dentro de una red de hormigas. La hormiguez, es la red misma, esa red que se extiende sobre las azoteas o los horizontes. La hormiguez es la vista aérea de la ciudad.
Ella es una hormiga. Ella se levanta cada día y se mira al espejo para cerciorarse de que su hormiguez sigue ahí. A veces se le olvida, o trata de olvidarlo. A veces, no se siente hormiga. A veces, simplemente, se siente desidia.
Ella se maquilla e intenta ocultar que hace meses que es otra cosa. Que su piel está mutando en piel de sapo, o de gallina o yo qué sé.
Ella es una outsider. Vive en una frontera, pero nunca supo de qué. ¿Qué hay al otro lado? La ciudad, bombea a cada instante y en cada pulso se expande impredecible.
Ella, sentada en un horizonte con un espejito en la mano, esperando a cada latido, observando cómo su rostro se transforma.
Ella va al supermercado y compra comida de hormiga, la que tenga menos calorías. Le dice ‘hola’ a la cajera y se maquilla.
Ella fue artista. Lo fue. Ella expuso en las más famosas galerías. Sí, esa que está al lado del río. La del nombre impronunciable. Esa. Ahí estaban sus cuadros.
Allí. En una esquina, en un cuadrante, un píxel de la red, poro de piel de hormiga (¿acaso las hormigas tienen poros?). Allí estaban. Algunas hormigas los observaron. Después, siguieron con sus vidas.
Ella lo mira y se maquilla. Es suyo. Y sin embargo, qué indiferencia le produce. Quizás sea este proceso de deshormiguización. Qué colores tan tristes. Qué rostros tan vacíos. Qué ruido de fondo de excavadoras en ese cuadro. Y cómo pesa el bolso.
Ella saca el espejo. La piel cetrina, la piel cetrina. Se acerca al lienzo, aquel autorretrato, y lo maquilla. Pero ahí sigue. Ella esperando en la cola del supermercado. Ella diciéndole “hola” a la dependienta. Ella y su cara de indiferencia. Cómo le pesa la cara.
Ella, rajando el lienzo con sus garras y arrojando los restos al váter. Mira a la superficie elíptica de agua, cuando por fin se calma. Después, se tumba en ella. Hace el muerto y se queda mirando el techo de neón.
Esta es la posición inversa a la hormiguez. Es como una posición fetal, que permite observar la red desde su exterior. Tumbarse en el agua del váter y dejar pasar las horas, las hormigas.
Un espejito se diluye, pero ella está otra vez en esa cola, o quizás sentada en el horizonte, o en una red.
Y ella, en la azotea. Las hormigas hormiguean por su pierna. Las hormigas hormiguean por mi mente. Hace sol. Hace neón en el baño de la galería de nombre impronunciable. Hace horizonte en la frontera de la hormiguez.
Ella se mira al espejo y dice ‘hola’ a la cajera. La cajera le contesta y el flujo de hormigas continúa.
viernes, 20 de marzo de 2015
Biografía de un mesías.
"Poder de la disciplina. Poder de la comunidad. Poder de la acción"
Igualdad.
La Ola. Ignacio García May.
"Fuerza a través de la unidad. Unidad a través de la fe"
V de Vendetta.
"La guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es la fuerza"
1984, George Orwell.
Poder. Disciplina. Comunidad. Acción, Fuerza. Unidad. Fe. Guerra. Libertad. Ignorancia.
"Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros"
Rebelión en la granja, George Orwell.
Igualdad.
Fascismo. Manipulación. Miedo.
Cainismo. Odio. Homogeneidad.
Desconocimiento. Verticalidad. Castigo.
Violencia. Represión. Fundamentalismo.
Líder. Doble moral. Racismo.
Nacionalismo. Frontera. Deshumanización.
Enemigo. Silencio. Populismo.
Miedo. Mesianismo. Un mundo mejor.
Olvido. Deformación. Eslogan.
Símbolo. Silencio. Muerte.
Jerarquía. Miedo. Unidad.
Nacimiento
Ha nacido un mesías. Ha nacido, en tu cuerpo, un grito, un extraño, un feto que se expande en todos tus órganos. Ha nacido un bulbo metastásico, que ya te enturbia los ojos y te los inyecta en sangre estanca. Ha nacido, en tu cuerpo, un brote de odio, un brote que satisface el hambre. Un brote de virilidad, un orgasmo. Tu cuerpo, satisfecho, por este alien que le alimenta, que le da poder. Ha nacido el poder. Ha nacido el poder y te libera. Te libera, te alza, te diferencia y a la vez te une.
Ascenso
Y ya los cuerpos alzan sus brazos, sus alas, y ya alzamos los brazos, nuestras alas. Y ya saludamos al Sol de un nuevo día, al Sol que ilumina un mundo mejor. ¡Mira al pueblo alzando sus cuerpos, que se entrelazan, hacia el cielo! ¡Es casi uno, un solo cuerpo que se eleva! ¡Ha nacido un mesías! ¡Hemos renacido en el cuerpo de El Mesías! La unidad, la cooperación nos han conducido, por fin, a la simbiogénesis, al fin de la Historia. ¡Ha nacido el nuevo mundo!
Caída
Siento al Mesías alejándose de mi cuerpo, abandonándome. Siento mi cuerpo, lo siento mío, quedándose atrás en el vuelo. No puedo mirar a mis lados, ni al suelo. El Mesías sigue elevándose y me obliga a mirar a él, a mantener alta la barbilla. Siento el aire erosionando, quemando mi piel, los oídos comprimidos, estallando a cada instante. Siento la caída inminente, mi cuerpo fracturándose, quebrándose, rompiéndose en mil esquirlas del golpe. Tengo miedo. Miedo de caer. Veo otros cuerpos alzándose sobre mí y el Mesías cada vez más lejos. Y entonces, simplemente, caigo. Caigo e intento gritar, pero el viento me acalla. Intento agarrarme a sus cuerpos, pero ellos se muestran impasibles o se zafan de mi brazo violentamente para seguir ascendiendo. Caigo, inevitablemente. Me dejo caer.
Aterrizo sobre el campo de cuerpos, que se extiende inmensurable en todas direcciones. Algunos ya se descomponen en un mar de moscas. Llevan aquí tanto tiempo. Nunca ascendieron. Murieron enfermos del Mesías. Nos aupamos en sus hombros para alzarse al vuelo. Y allí quedaron. Olvidados. Muertos.
Ahora siento el hambre. Ahora siento el vacío. Ahora siento el dolor. Ahora siento la náusea. Me acurruco en esta pila de cadáveres, esperando la caída.
Fecundación
Hemos fecundado, en nuestras probetas, en nuestras cadenas de montaje, al mesías. Hemos concebido, en nuestras camas, al mesías. Hemos diseñado cada pieza y les hemos dado nombre. El mesías no es un producto del azar. El mesías es la realización de la utopía. El mesías es la voluntad extrema de poder, de superioridad, de fuerza, de control. El mesías nació en nuestros cuerpos, fruto de esa voluntad. Le ofrecimos nuestro cuerpo. Lo hospedamos. Lo alimentamos. Lo dejamos crecer.
Ahora, debemos destruir a nuestro mesías. Debemos destruir nuestro poder. Debemos destruir al Mesias. Debemos destruir el Poder.
Ahora, debemos destruir a nuestro mesías. Debemos destruir nuestro poder. Debemos destruir al Mesias. Debemos destruir el Poder.
domingo, 25 de enero de 2015
El fotógrafo y el decorado.
Me basta con mirar una de sus fotos para volver a encontrar la cualidad que poseía en su arte y en la vida, tan preciosa pero tan difícil de adquirir: guardar silencio (...) Una fotografía puede expresar el silencio, ¿pero las palabras? Eso era, precisamente lo que, en su opinión, habría sido interesante: lograr crear el silencio con las palabras.
Jansen pensaba que el fotógrafo no es nada, que debe fundirse en el decorado y hacerse invisible para trabajar mejor y captar la luz natural. Ya ni siquiera se oía el clic de la Rolleiflex. Le habría gustado disimular su máquina. Según él, la muerte de su amigo Capa, se explicaba, precisamente, por esa voluntad, o ese vértigo, de fundirse, de una vez por todas, en el decorado.
Perro de primavera, Patrick Modiano.
¿Puede el fotógrafo fundirse con el decorado? ¿No es su visión, su perspectiva, el espacio-tiempo donde coloca la cámara, un prisma único e intrasferible, imperfecto, erosionado y sedimentado por la experiencia y el pensamiento, por el paso del tiempo sobre el cuerpo? El autor es su visión. El escritor es combinación de todos sus personajes, paisajes, situaciones y palabras. El fotógrafo es la máquina, es el ojo, es la sucesión de instantes, de clics, de lugares y personas inmortalizadas. ¿Son las personas de las fotos las mismas que las de carne y hueso? Estos retratos tienen más del autor que del retratado. Incluso en los silencios del fotógrafo, en los espacios en blanco del pintor, en los calderones del músico o los puntos suspensivos del escritor, se filtra su individualidad. Al observar una foto, nuestra mente la asocia a la mirada del fotógrafo, como asociamos las palabras o las pinceladas a la mano del autor. Podemos diluirnos con nuestra obra, con nuestros sentidos, pero nunca podremos hacernos invisibles, fundirnos con la realidad. Estamos condenados a vivir en nuestro propio sistema de referencia, vetados del noúmeno, de la realidad última. ¿Pero por qué no soñar con fundirse con el decorado, con captar la luz natural? Quizás, al fin y al cabo, esa dilución no sea más que la muerte. Por fin, por fin, el silencio blanco. El ruido del mar en una caracola. La luz natural por fin se propaga sin obstáculos, sin prismas que la deformen.
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