sábado, 24 de octubre de 2015

Contraelverso

Contra.
Contra todo.
Contra Venus
y contra Apolo.
Contra el lenguaje
y contra el método.
Contracorriente.
Contrarreloj.
Contrabajo.
Abajo el trabajo.
Contracultura,
y contrasexual.

Contraarte
y encontrarte
contra todo.
Y sin más balas.
Solo, desnudo
y contra la pared.
Estar en contra de todo,
en contra del orden,
en contra del amor
reflejado en hierro
y (de) las cuerdas.
Y de la regla que me dice que tengo que cortar el verso. Porque estoy en contra del verso, porque qué es el verso, sino una bala más que necesito. Contraelverso. Y sobre todo, contra el poeta y su pistola, cargada de futuro, ya no me quedan balas. Contraelfuturo. Futuro está vacía. Una biblia falsa para guardar la petaca, una biblia verdadera para guardar la palabra. Contrapalabra. Contra Dios. Dispara al diccionario y dispara a la biblia. Yo maté al mesías. Contraelmesías.

Y sobre todo
contra mí mismo.
Contra Álvaro Buendía.
Meterme el cañón en la garganta
y vomitar una poesía,
que vale menos
que la bolsa de la basura.

Ya no me quedan balas.

viernes, 23 de octubre de 2015

Hazlo como un hombre

Hazlo como un hombre.
Bang.
Hazlo como un hombre.
Bang.
Hazlo como un hombre.
Bang.
Hazlo como un hombre.
Bang.
Hazlo como un hombre.
Bang.
Hazlo como un hombre.
Bang.
Tú no eres un hombre de verdad.
Bang. Bang. Bang.

lunes, 5 de octubre de 2015

Cuando el universo era sólido

Las ciudades
ya no son ciudades
y se deshacen
ante mis ojos.
Los poros
de la realidad
se ahondan,
se ensanchan
y todo lo que era sólido
se vacía.

Y la vida,
tiene superficie infinita
y volumen nulo.

Somos líquidos,
somos fluidos,
superfluidos
y no sabemos quiénes somos,
no tenemos nombre,
ni entendemos nada
de lo que ocurre.

Nos miramos a los espejos
y en los ojos ajenos
y nos creemos el trampantojo.
Pero tú no eres tú
y yo no soy yo,
¿quién es más nadie de los dos?

Las ciudades
ya no son ciudades
y ya no compartimos
el mismo espacio-tiempo.

No nos entendemos,
no nos mezclamos,
en el fondo: estamos huecos.
Un cubo de Menger
condenado a recorrer
una banda de Möbius.

El universo
ya no es universo.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Para poder dormir

Dame democracia
para poder dormir.

Dame papel
para poder votar.

Dame progreso
para poder creer
(en ti, en mí, en nosotros).

Dame seguridad
para poder vivir.

Véndeme humo
a precio de oro.
Dame placebo.

Dame morfina,
que me duele el pasado.

Y ahora que ya duermo,
plácido y feliz
coge la almohada
y ahógame.

Te prometo
que moriré calladito.

lunes, 31 de agosto de 2015

Última conversación de agosto

M, eres un sueño compartido.
Cuando te creo dormida, eres tú la que me despiertas.


Sueño, vigilia.
Ficción, realidad.
Verdad, mentira.
:
Hablan de dicotomías,
lo simplifican todo,
porque no te conocen.


Y se creen despiertos
cuando caminan por tus calles.
Soñadores sin sueño.
Hiperrealismo a pie de página (letra)(calle).


(Cuando lean esto
puede que se miren entre ellos
y digán: Ah, habla de Madrid)


Pongamos que hablo de Madrid
y nos quedamos más tranquilos.
Y nos quedamos más despiertos,
o más dormidos,
inerciales.


Pero tú y yo sabemos
de qué hablo
cuando te escribo,
entre cabezadas
o sobresaltos,
en tardes de agosto,
que eres menos tímida
y me hablas del limbo
y de esa realidad efímera,
o la ficción puncionada.


Y me escribes con más imaginación que memoria.
Porque la memoria está cansada y siempre fue enfermiza.
Pero la queríamos como a una hermana.
Aunque la tratáramos como a una madre.


Y a veces se ponía sus trajes de realidad
y todos la obedecíamos,
aunque quisiéramos ser como la tía,
a la que observábamos desde la ventana.


La tía era moderna como la que más,
vestía ropa de colores
y nos traía regalos exóticos
de lugares exóticos,
quizás el chino de la esquina.


Todas nos engañaban
y todas eran sinceras,
como las que más.
Y las queríamos a todas.
Aunque nos obligaran a elegir.


Pero ya no sé quién es quién,
mi hermana, mi madre y mi tía.
Todas se confunden
y todas eres tú,
en esos días de agosto,
que hoy se van,
y también se quedan.



P.D.: No me escribas más a esta dirección.
Me mudo.
Nos vemos.

sábado, 8 de agosto de 2015

La casi tierra (Poema a Lavapiés)

No matéis a Lavapiés.
Ni a este 7 de agosto.
Ni ningún 7 de agosto.
Ninguno.

No me lo matéis.
Que aquí está mi ciudad.
Si es que tengo.

En Madrid no hay tierra.
Madrid no es tierra.
Esta no es mi tierra.

Pero no me la matéis.
No calléis los tambores,
nunca.
No rajéis sus pieles,
nunca.
No cerréis los balcones,
nunca.
No desalojéis las plazas,
nunca.

Y sabed
que aunque intimidéis
con vuestras sirenas
caníbales
y vuestras porras
extensibles
y desalojéis
Agustín Lara
a la 1 de la mañana,
Lavapiés sigue sonando.

Lavapiés: la casilla del Monopoly
que nadie quería.
Lavapiés no vale nada
nos dijeron.

Así que:
No compréis Lavapiés,
nunca.
No vendáis Lavapiés,
nunca.

Cuando las luces de Gran Vía
se enciendan,
cuando se abran los bancos,
las discotecas,
cuando los turistas ahoguen
las calles,
cuando los buffets
vendan paella
y el súper
kebab en bolsas
cuando todo sea
de cartón piedra,
de pasta,
de hormigón.
cerrad alguna puerta,
de madera,
allá por Tirso.

Y esconded la tarjeta marrón.
Para que no la vea
el señor de la chistera
(que hoy se camufló
tras unas gafapastas).

No me la matéis.
Que siga sonando
la casi tierra.
Que siga soñando.

viernes, 7 de agosto de 2015

Yo y/sin mi circunstancia (Ficciones)

Yo soy yo y mis circunstancias.
Hasta aquí, todo correcto.

Madrid. 7 de agosto.

Madrid está vacío.
Madrid es una ciudad de un millón de muertos.
Un millón de almas.

Madrid es una ciudad de un millón de ventiladores.
Un millón.

Madrid es una ciudad de un millón de autobuses,
tardíos.

Y las universidades: cerradas.

Mi circunstancia está de vacaciones,
sin mí.

Mírala, en stand by,
con la puerta ni abierta,
ni cerrada,
la dejaron.

Luce un poquito,
enfría un poquito.

Y yo, sin mis ficciones urbanas,
sin mis rutinas,
con las ideas hibernadas.

¿Quién soy yo,
sin mi circunstancia?

Aquellas ficciones,
aquellas mentiras
que me contaba,
que me creía.
Os fuisteis con ellas
y yo me quedé solo.

Enciendo otro ventilador,
pero no me dice quién soy.
Sorprendentemente,
no habla.
Así que esto es un monólogo.

Madrid está vacío.
Y ¿yo? soy solo un monstruo,
otro alma, otro pasajero de bus tardío.

Solo soy un monologuista aburrido
que ya no sabe cómo escribir un poema.

Qué aburrido, qué aburrido.

O no, no sé.
Quizás no sea un alma.
¿Las almas tienen circunstancia?

Enciendo otro ventilador.
Van mil dos.

Y ¿Madrid?: sigues vacía.
Y ¿yo?: ni contigo, ni sin ti.


(Hay que ver lo que hago para inventarme diálogos
Hay que ver lo que hago para inventarme ficciones)